¿Qué puedo hacer si me cuesta deshacerme de mis pertenencias? ¿Alguna recomendación para las personas con grandes apegos?

 

Estas son algunas de las preguntas más frecuentes que me hacen en las entrevistas, en los directos o cuando tengo la oportunidad de hablar sobre el Método KonMari™. Entiendo perfectamente la preocupación de estas personas, pues a menudo retemos en casa objetos a pesar de ser conscientes que no nos hacen realmente felices.

 

El problema de estar rodeada de este tipo de objetos es que la casa se ve sobrecargada y puedes sentirte saturada. Seguramente no tendrás tiempo para cuidar de tus pertenencias como te gustaría (bastante tienes con sacar adelante otros aspectos de tu vida) y sientes que vas apagando fuegos, ordenando aquí y allá lo que puedes para dar a tu vida un poco de serenidad, aunque a la mínima todo vuelva a estar como antes.

 

O puede que, a pesar de no tener tantas cosas, tu casa se vea desangelada, gris, apagada. En caso, el problema no es tanto la cantidad, sino que tus pertenencias no están alineadas con tu esencia.

 

¿Cuánto te gustaría salir de ese circulo vicioso? ¿Cuántas ganas tienes de cambiar esta situación? ¿Cuánto tiempo más quieres vivir en una casa que no te acoge ni te representa?

 

Quiero decirte que esta situación no tiene nada que ver con el tipo de casa que tengas, ni con que la casa sea de tu propiedad o sea de alquiler. Puede que estés esperando a que llegue el momento ideal, la casa de tus sueños o la situación económica idónea, pero siento decirte que si sigues esperando, puede que ese momento no llegue nunca.

 

Creo firmemente que el momento perfecto no depende de factores externos sino de tu necesidad, motivación y compromiso interno. Por lo tanto, si algo dentro de ti se ha movido mientras lees estas líneas, quédate conmigo, espero darte algunos recursos que te puedan ayudar a salir de esta situación.

 

 

COMPROMÉTETE CONTIGO MISMA Y COMIENZA EL PROCESO

 

Mi primera recomendación es que te animes a hacer el Proceso KonMari™. En este pequeño artículo te cuento algunos de los beneficios más importantes de ordenar la casa con este método. Además, hace poco publiqué este otro artículo donde explicaba paso a paso cómo realizar el proceso completo.

 

 

¿Y SI NO SÉ SI ME HACE FELIZ?

 

Puede que hayas comenzado el proceso y te haya asaltado está duda. En ese caso te recomiendo que primero empieces por estas reflexiones. ¿Cómo estás actuando ante esta dificultad? ¿Eres de las impulsivas o más bien reflexiva? Cómo te decía en este artículo ambos casos son perfectos, simplemente quiero que seas consciente de ello, y que tengas en cuenta los recursos que he mencionado.

 

La razón principal por la que no puedes dejar ir un objeto, independientemente de su funcionalidad, es el vínculo que tienes con él. Por ello, cuando estés revisando tus pertenencias es importante que estes atenta a lo que te dice tu cuerpo y tu corazón. Al mismo tiempo, tienes que desplegar la antena para detectar lo que te dice tu mente.

 

La mayoría de los bloqueos surgen porque hay una incoherencia entre lo que te dice el corazón y lo que te cuenta tu mente. Puede que tu corazón sienta claramente que no te hace feliz y, sin embargo, tu mente insiste en que lo necesitas, que todavía es útil, que no puedes tirarlo por tal o cual creencia, que fíjate cuanto tiempo lleva este objeto contigo (o peor, en tu familia) o el dineral que pagaste por él…

 

A veces la mente es nuestra peor enemiga, es increíble lo insistente que es y cómo de convincentes son sus argumentos, ¿verdad?

 

¿Y entonces que hacemos? ¿Sucumbes a su discurso y sigues como estas, o saltas a la piscina con todas las consecuencias?

 

Tengo que admitir que yo he sido (y sigo siendo) bastante kamikaze con esto del orden, sobre todo cuando se trata de tirar. Pero soy totalmente consciente de que a pesar de que parezca una virtud, en realidad es un arma de doble filo. La clave no reside en la capacidad que tienes de descartar lo que no deseas, sino en ser capaz de encontrar aquello que te hace feliz.

 

Puede que te parezca una tontería, pero este cambio de mirada es fundamental. Porque puede que tirando y tirando te quedes con lo esencial, y aún así te sientas vacía porque no consigues detectar lo que está cerca de tu alma. Tampoco es cuestión de guardarlo todo porque sí, correrías el peligro de que toda esa distracción no te deje ver lo que verdaderamente es importante para ti.

 

Para mí la clave en todo ello es intentar ser lo más sincera posible contigo misma. No se trata de la cantidad de objetos que tengas sino de ser capaz de conectar con tu esencia. Y esto pasa por quererte, mimarte y ser compasiva contigo misma.

 

 

LA ZONA GRIS

 

Imagina por un momento que te sientes bloqueada con un objeto. Que por más que lo llevas al corazón no acabas de tener claro lo que sientes o que tu mente te esté aturullando la cabeza con su verborrea. ¿Qué le dirías a una niña pequeña si la vieras en ese situación? Estoy segura que no la presionarías hasta hacerla llorar, ni tampoco le dirías que sí o sí tire algo que no estás dispuesta a soltar, ¿verdad? Entonces, ¿porqué a veces eres tan dura contigo misma?

 

Cuando yo veo que una de mis clientas está en esa situación le recomiendo que le de un tiempo. La idea es que dejes ese objeto aparte y sigas avanzando con el resto de las pertenencias de esa categoría. Al montón que vayas dejando para revisar al final yo le llamo la zona gris.

 

La zona gris es una excepción. Es como un comodín que utilizas cuando realmente tienes duda, porque si ante la indecisión lo llevas todo a este grupo estarás igual que al principio. Dicho esto, quiero aclarar que para mi no existe un número máximo de objetos para la zona gris. Al fin y al cabo cada persona es distinta y cada una tiene que ser sincera consigo misma para ver cual es esa cantidad.

 

Cuando hayas terminado de revisar la categoría completa, es el momento de volver a revisar lo que hayas dejado en la zona gris. Estoy segura que en esta segunda revisión veras más claro qué te hace feliz y que es lo que se tiene que ir. La idea es que se queden el menor número posible de objetos “grises”.

 

La diferencia respecto a otros métodos está en este punto clave, y es que, en vez de dejarlo en una caja aparte o ponerle una fecha límite, lo vas a juntar con el resto de objetos felices y lo tratarás con el mismo cuidado o más. Creo que las otras dos opciones (apartarlo o poner fechas límite) pueden ser una pequeña trampa hacia ti misma. Cuando haces una caja de objetos “grises”, lo habitual es que lo guardes en algún rincón de la casa y te olvides de ella durante un muuucho tiempo. Esos objetos caen en el abandono y sólo sirven para recoger polvo y ocupar espacio. Tampoco soy muy amiga de las fechas límites, quizá porque personalmente me cuesta mucho cumplirlos y lo único que hacen es aumentar los niveles de estrés y auto-exigencia. Estoy convencida que la relación que tienes con cada una de tus pertenencias tiene su propio proceso que va más allá de los tiempos que tu quieras imponerte.

 

Imagina que el objeto “gris” es una camiseta. En ese caso, tendrías que lavarla y doblarla con amor, poniendo especial atención en cómo lo pliegas, trasmitirle calor con tus manos etc. A la hora de guardarlo igual, ponlo junto al resto de camisetas de manera que quede visible y que puedas utilizarlo cuando te apetezca (si es que te apetece algún día. Sino, ya tienes una pista, indaga en porqué no). Verás que el tiempo le dará su lugar, ya el echo de que seas consciente de la relación que tienes con ella, las dificultades que te crea o las emociones que despierta es un gran paso. Recuerda que todo el amor, cuidado y respeto que transmitas a tus pertenencias se verá reflejado en ti misma.

 

Espero que todas estas reflexiones te ayuden ante los posibles bloqueos del proceso. Si necesitas más información o quieres contarme tus experiencias y recursos personales, estaré encantada de leerte desde el otro lado de la pantalla.

 

Un abrazo

Sara

 

 

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